¿Cómo es criar un bebé en una Tiny House de 12,5 m²? Nuestra experiencia real
- Joaquín Rivas

- 26 jun
- 9 min de lectura
Actualizado: 29 jun

¿Por qué elegimos vivir en una Tiny House?
Hace cuatro años, cuando nos embarcamos en el viaje de auto-construcción de nuestra Tiny House, teníamos otras inquietudes, metas, sueños y otros problemas que resolver. Queríamos seguir viviendo cerca de la naturaleza y de la paz que nos encanta, pero dejar de pagar arriendo. No teníamos un terreno, por lo que construir una casa con ruedas fue la opción que se nos ocurrió. En ese entonces no pensábamos en hijos. Estaba dentro de los planes pero como algo lejano y creo que jamás imaginamos cómo sería cuando llegara ese día.
La casa que diseñamos y construimos nosotros mismos, estaba pensada para dos personas. La idea era que fuese funcional, práctica y bella, y durante todos estos años la casa funcionó perfectamente, teníamos todo lo que necesitábamos, aprendimos que la felicidad no dependía de acumular muchas cosas materiales, sino de vivir experiencias. Nos movimos con casa y todo, pudimos vivir en diferentes lugares del la costa del sur de Chile y gozamos cada entorno. Finalmente encontramos y compramos nuestro terreno soñado e hicimos la última mudanza definitiva. (Acá te damos una guía sobre ¿Qué debes considerar al buscar un terreno para construir tu casa?).
Comenzamos a crear, a planificar el futuro, a aterrizar todo lo que anhelábamos. Ya era el momento de que la familia creciera. Convertirnos en padres era algo que ambos queríamos hace tiempo y luego de unos meses me llegó la noticia que me cambiaría la vida para siempre: Sofía estaba embarazada, nuestro primer hijo venía en camino.

Como muchos futuros padres, tuvimos esa mezcla de sentimientos y emociones; Mucho amor, felicidad y alegría junto con varias dudas e incertidumbres. Esto sumado a las opiniones y comentarios de la gente, era fácil atraparse con pensamientos y dudas en la cabeza. Intenté mantenerme firme a mis convicciones, sabiendo que todo iba a estar bien, pero igual me surgían preguntas constantemente:
¿Será posible criar a un bebé en una espacio tan chico?
¿Podremos vivir los tres en la casa?
¿Estaremos cómodos?
¿Estaremos bien?
Y como no mencionar los infaltables comentarios no solicitados tales como:
"No les va a alcanzar el espacio."
"Van a tener que cambiarse.”
"Van a necesitar muchas cosas."
“Se van a volver locos”
Nosotros no teníamos las respuestas. Solo sabíamos que queríamos intentarlo, teníamos fé y estábamos confiados en que lo podíamos lograr y lo mas importante es que estábamos alineados como pareja. Sofía hizo una linda reflexión al respecto en este blog: Cuando crece la familia viviendo en una Tiny
El embarazo: preparándonos para lo desconocido
Durante todo este periodo empezamos a observar nuestra casa con otros ojos y queríamos modificar espacios pero estuvimos con tanta carga laboral que el tiempo se hacia poco. Había que prepararse, tanto financieramente, como en temas prácticos, cada rincón de la tiny house se presentaba como una oportunidad para optimizar aún mas el espacio. Analizábamos qué cosas realmente usábamos y cuáles eran innecesarias. Me recordó el Desafío 30 días: Simplifica tu vida que hicimos para deshacernos de todas las cosas innecesarias para crear espacio para lo realmente importante. Descubrimos y aunque no lo crean, que todavía teníamos muchas cosas que no se usaban y que ocupaban espacio valioso.
Mientras el embarazo avanzaba, también aparecían nuevas preocupaciones.
¿Dónde va a dormir?
¿Dónde vamos a guardar su ropa?
¿Dónde vamos a guardar nuestra ropa?
¿Deberíamos ampliarnos?
¿Qué hay que tener?
¿Dónde lo vamos a guardar?
Casi toda la industria infantil pareciera que está diseñada para convencernos de que necesitamos miles de cosas antes de que nazca un hijo, te inventan un sin fin de necesidades que cualquier padre primerizo se compra. Sin embargo, al investigar y conversar con otros papás con algo de experiencia, entendimos que un recién nacido necesita mucho menos de lo que imaginábamos. Mas que espacio y que productos estrafalarios, necesita amor, protección, contención, alimento y presencia.
Las semanas previas al parto fueron intensas, estuvimos con harto trabajo, además decidimos construir una bodega para guardar cosas, herramientas y para instalar una lavadora/secadora. Aunque suene cómico la bodega que construimos es mas grande que nuestra casa. La construcción la hice yo con un amigo para ahorrarme la mano de obra. Cada día aumentaba la presión, la fecha límite se acercaba, había que terminar antes de que naciera.



El anhelo de tener todo listo para antes del nacimiento fue algo fuerte. Modificamos espacios dentro de la Tiny House, algunos de estas intervenciones fueron; convertir nuestro closet en un mudador con cajones y crear una cuna en nuestra pieza, a los pies de la cama, todo pensado milimétricamente y hecho por nosotros mismos. Fueron arduos meses de rendir en mi trabajo, en mis proyectos personales, de construir la bodega en el terreno, de construir las modificaciones en la casa bajo presión y lo mas importante acompañar y sostener a Sofía, quien cargaba la tarea mas importante e intensa, gestar un ser humano dentro de su cuerpo.

Cuando ya estaba todo listo para recibir a nuestro querido hijo, él decidió tomarse todo el tiempo del mundo para nacer. Una vez terminados todos los proyectos pendientes decidimos ir a instalarnos a Concepción. Nosotros vivimos en un pueblo rural, alejados de clínicas, hospitales y de las bondades de la gran ciudad. Irnos y dejar la casita fue una decisión sensata y responsable, para no tener que correr en caso de urgencia. Nos fuimos un día antes de la fecha estimada de parto, y lo que pensábamos que sería una espera de días, se convirtió en semanas. Finalmente estuvimos un mes fuera de nuestra casa, habitamos 5 lugares y barrios diferentes dentro del gran Concepción, ya que, arrendar por airbnb creyendo que tu hijo va a nacer en los próximos dos días no es algo fácil y nunca acertamos. Así vivíamos la espera cada día, crecía la incertidumbre, el cansancio, la ansiedad, los miedos, pero los atacábamos eufóricamente con panoramas, buena comida, caminatas, conciertos, días soleados, paseos y conversaciones profundas. Lo que creímos sería una espera titánica se convirtió en las mejores vacaciones en pareja previo al parto, altamente recomendable darse ese tiempo de calidad.

El parto y el regreso a casa

El nacimiento de León fue una experiencia transformadora. Me acuerdo verlo por primera vez y pensar "ahora entiendo todo". Todo cambió de un momento para otro. Salir de la clínica los tres, subirnos al auto y vernos enfrentados a esta nueva vida con el corazón rebalsado de amor, fue algo maravilloso.
En el viaje de vuelta a nuestro hogar lo que mas sentimos fue gratitud y felicidad, acompañada de una cuota de incertidumbre. El trayecto no fue fácil, tuvimos que parar en varias ocasiones, alimentar, mudar, comer, calmar llantos. Lo único que queríamos era llegar a casa y poder gozar las bondades de nuestro esfuerzo y unir las creaciones mas hermosas que hemos hecho en la vida, una criatura hermosa, una familia y un hogar construido por nosotros mismo, estaba esperándonos.
Después de una largo viaje de casi 6 horas llegamos. La casa seguía siendo exactamente la misma. Los mismos 12,5 metros cuadrados. Pero ahora éramos tres.
Las primeras noches fueron un poco difíciles. El frio, el cansancio, las levantadas de noche, el aprendizaje constante, conocerse y entender que un recién nacido y su forma de ver el mundo está muy lejos de nuestra comprensión.
Sorprendentemente, el tamaño de la casa nunca fue un problema, todo lo que diseñamos y construimos funcionaba. Lo realmente desafiante era adaptarnos a las necesidades de un recién nacido, entender porqué lloraba, porqué no se duerme. Cómo se autorregula la frustración y cansancio de sentirme un mal padre por no tener ni la mas mínima idea de cómo lograr que duerma, que no llore, que no sufra. Eso es lo mas desafiante y creo que el motivo de su llanto está lejos de ser por el tamaño y la forma de nuestra casa.
Las primeras semanas: viviendo cerca, muy cerca
Si algo aprendimos durante las primeras semanas es que las guaguas necesitan menos espacio del que creemos. Pasan gran parte del tiempo en brazos, durmiendo, llorando o colgados de la mamá tomando leche.

El tamaño de nuestra casa nos a obligado a ser conscientes de cada cosa que entra y si es fundamental para el bienestar de la familia. Cada compra debía tener un propósito claro. Cada elemento debía justificar el espacio y función que ocupaba. También descubrimos beneficios inesperados; Hemos aprendido que los incendios hay que apagarlos de inmediato, metafóricamente hablando, en una casa tan pequeña no se puede acumular la basura debajo de la alfombra, es difícil evadir conversaciones o situaciones incomodas. Eso me ha enseñado a buscar el bien superior, lo que sea mejor para los tres.
Creo que muchas veces en la vida, ante momentos difíciles, intentamos buscar responsables, o justificar los errores, tercerizando responsabilidades e intentando explicar los fenómenos a los que nos enfrentamos. Y en situaciones extremas entendí que mas vale buscar el bien superior, saber pedir perdón al equivocarse y no apuntar con el dedo cuando alguien se equivoca. Me gusta ejemplificarlo con una situación típica de navegación (yo no navego pero me encantaría hacerlo) Es como cuando se acerca una tormenta fuerte, el miedo y la ansiedad crece, los problemas y la tensión aumentan, nadie quizo que esa tormenta apareciera. Abandonar el barco o querer lanzar a un tripulante fuera de borda, no va a mejorar la situación, hay que pasar la tempestad ojalá de la mejor forma, de la mano de nuestros aliados.
Nosotros no vamos flotando en una embarcación pero navegamos las desconocidas aguas de la paternidad primeriza, y lo hacemos en una casita de 12 metros cuadrados.
Me encantaría destacar todos los pros de críar en nuestra Tiny House. La cercanía, esta cercanía permanente me facilita responder rápidamente a las necesidades de Sofía y de León, aprovecho de mencionar que Sofía es una tremenda mujer y madre, no podría haber elegido a alguien mejor para ser la madre de mis hijos. Lo práctico, bajar de la cama, mudar y tener todo al alcance de la mano es algo bueno, las cosas no se pierden y todo tiene su espacio y función.
La limpieza, es algo fundamental, por suerte en nuestra casa es algo que toma pocos minutos.
La naturaleza que rodeaba nuestra tiny house se convirtió en una extensión de nuestro hogar y nos da una amplitud esperanzadora. Nuestro patio, la playa, los senderos y los espacios abiertos terminaron siendo mucho más importantes que los metros cuadrados interiores, es por eso que cada momento, cada ventana de sol la aprovechamos para salir.
Lo más difícil para un papá primerizo

Yo sé que suena romántico todo lo que les cuento anteriormente y en parte lo es, sin embargo, no todo ha sido perfecto.
El orden debe mantenerse constantemente. Hay que cocinar, lavar y ordenar. Hay que críar, cuidar, sostener, trabajar, ir a comprar y solucionar eventualidades.
Las cosas se acumulan mas rápido de lo que uno imagina; que la cuna, la ropa sucia, el libro, la pelota de yoga, el computador, las mamaderas, el extractor y un sin fin de otras cosas que son fundamentales en el día a día.
Y existen días en que el cansancio hace que cualquier espacio parezca aún mas pequeño de lo que ya es. Sin embargo, estos desafíos nos han ayudado a aprender muchas cosas, a desarrollar hábitos mas conscientes y sobre todo una comunicación efectiva y cariñosa. Creo que eso es algo especial y valioso que te da el vivir en un espacio pequeño. Acá escribí hace un tiempo sobre eso en este blog: Conviviendo en una Tiny House
Ahora mi desafío mas importante y difícil es poder equilibrar mi vida laboral con todo lo que conlleva ser un padre presente. Aumentar la fuente de ingresos y lograr un flujo de caja constante es algo desafiante cuando debes estar ahí para los que amas. Ambos con Sofia somos emprendedores, yo tengo una escuela de futbol infantil que funciona bien, además trabajo en el rubro de la construcción, en donde, lo mas difícil es conseguir clientes para desarrollar proyectos y al estar aislados, lejos de nuestras familias, no podemos contar con ese respaldo que muchos padres primerizos tienen, y a veces hay que multiplicarse para producir, proveer, comprar, cocinar, limpiar, ordenar, criar, mantener un terreno, etc. Suena agobiante pero creo que todo se va equilibrando eventualmente y no puedo estar mas agradecido por el tremendo desafío en el que nos embarcamos con Sofía, ser padres es un regalo.

Lo mejor de criar a un bebé en una Tiny House
Hoy entendemos que criar a un hijo no depende tanto del tamaño de una casa como de la calidad del ambiente que construimos dentro de ella y el hogar se construye independiente de los metros cuadrados o de la cantidad de cosas que hay adentro.
Yo pienso que nuestro hijo no recordará el tamaño de su hogar, ni las cosas que habían ahí.
Recordará lo importante:
Los abrazos
Los besos
Las risas.
La música. Las historias.
Las caminatas al aire libre.
La tranquilidad de los arboles . El canto del chucao y los demás pajaritos que viven aquí.
El ruido del agua corriendo rio abajo. El amor.
Nuestro hogar nos enseñó que una vida simple puede ser una vida profundamente abundante.
Y que, muchas veces, lo que creemos indispensable realmente no lo es.
Seguimos aprendiendo cada día.
Seguimos adaptándonos.
Seguimos creciendo como familia.
Y, por ahora, nuestros 12,5 metros cuadrados siguen siendo suficientes para albergar todo lo que más importa.
¿Tú también sueñas con vivir en una Tiny House o salir de la ciudad para criar a tus hijos de una forma diferente? Cuéntanos tu historia y dónde y cómo te gustaría que fuera.
Y si estás experimentando la paternidad primeriza en un departamento o espacio reducido, nos encantaría leer tu experiencia en los comentarios.





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